Al techo subió la gata a apreciar la luna. La anhela. Quiere ser ella “¿Serían tantas las cosas que podría ver desde allá arriba?”

La gata quiere viajar por el mundo, ver a las personas como hormigas y no como amenazantes animales, corriéndola de un lado a otro, tirándole cosas y gritándole “sucia” solo por buscar en los botes de basura algo con que calmar el estómago.

Seres humanos, dioses gigantescos que deciden qué vive y qué no; qué merece un lugar calentito, leche tibia y comida constante, y quien debe habitar las calles. Obsesionados con una belleza que ellos no tienen.

La gata contempla la luna y piensa en cómo llegar. ¿Saltando? ¿Maullando? ¿Estirándose lo más que pueda? No se desespera por encontrar una solución. Y mientras el frío la cobija y el viento la acaricia, la gata poco a poco entra en sopor.

Sus músculos tiemblan, pierde la conciencia. La gata se ha entregado al frío de la noche. Ahora la gata vuela, sube por las nubes y se acerca a la luna. Ahora la gata puede mirar desde el cielo el techo en el que estaba. La gata es feliz. Ahora la luna y ella son una sola. Se despide de las crueles calles. Hasta que decida volver.

Cristian Vanegas

Cristian Vanegas

Comunicador social egresado de la Universidad del Cauca, especialista en Comunicación Multimedia de la Universidad Sergio Arboleda. Social Media Manager, Estratega SEO y Realizador Audiovisual.

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